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La región
de la Confluencia era un lugar de
paso para los pueblos aborígenes
que habitaban la Patagonia. En el
sitio donde hoy se encuentran los
puentes carreteros y ferroviario estaba
ubicado el vado natural por el que
el que cruzaban el río Neuquén
en sus constantes movimientos migratorios.
En vista de su importancia
estratégica, en junio de 1879
el general Julio Argentino Roca dispone
la construcción de un fuerte
que vigile el paso. Alrededor del
fuerte surge una pequeña población
que intenta, en esos primeros años,
comenzar la explotación agrícola
de la tierra. Para ello se encara
la construcción de un canal,
el llamado Canal de los Milicos,
que derive aguas del Río Neuquén
e irrigue las zonas alejadas de las
costas, hasta entonces tierra yerma
por la falta de agua.
Hacia 1885 ese primer
intento no ha dado demasiados frutos,
principalmente debido a la precariedad
del canal, cuya toma se tapa constantemente.
Es entonces que llega a la Confluencia
(y a nuestra historia) el Coronel
Manuel Fernández Oro, quien,
en 1886, compra al Estado Nacional
40.000 hectáreas de tierras
situadas en la margen izquierda del
río Neuquén.
En
1899 se dan dos eventos que marcarán
la historia del pequeño caserío.
Por un lado, la llegada del Ferrocarril
del Sud a la Confluencia; por el otro,
la gran crecida de los ríos
Neuquén, Limay y Negro, que
termina de inutilizar el Canal de
los Milicos, y decide a las autoridades
nacionales (presentes en la zona para
inaugurar el tramo del ferrocarril)
a encargar al ingeniero César
Cipolletti un estudio de las cuencas
de los ríos con vistas al control
de sus caudales y a la utilización
de sus aguas para riego extensivo.
La llegada del ferrocarril permite
una comunicación más
fluida con la metrópoli, y,
principalmente, el arribo de nuevos
pobladores (en su mayoría inmigrantes
italianos y españoles). En
este nuevo y activo contexto, Fernández
Oro encuentra el incentivo para realizar
lo que anhelaba desde su llegada a
la Confluencia: transformar sus tierras
en productivas.
La
fundación de un pueblo
Bajo la dirección de Félix
Salamano se inician las obras de un
nuevo canal, de mayor caudal y diferente
trazado. En 1903 las obras están
casi listas, y el 3 de Octubre de
ese año se organiza un gran
asado comunal con motivo de la presentación
del trazado urbano que Fernández
Oro había encargado a Salamano,
y de publicitar el loteo de las tierras
afectadas por el mismo. Ese mismo
día, hoy considerado como la
fecha de fundación de Cipolletti,
se venden los primeros terrenos. En
1904 se habilita el Canal Lucinda
para riego extensivo, y las tierras
comienzan a producir, principalmente
alfalfa y hortalizas.
El gran salto
de calidad
La gran transformación se dará
en 1916, cuando se inaugure el dique
Ingeniero Ballester. Esta obra, producto
de las investigaciones y proyectos
presentados por Cipolletti, logra
irrigar vastas extensiones, así
como regularizar el caudal de los
ríos que rodean la zona. A
partir de ciertas exitosas experiencias
piloto, se comienza, alrededor de
1920, con el cultivo extensivo de
frutales de pepita (pera y manzana).
Pronto se dan grandes cosechas y,
para su conservación y distribución,
comienzan a instalarse galpones de
empaque, cada vez de mayor envergadura,
centralizando esta actividad en la
ciudad, que así se establece
como paso obligado para los productores
de las localidades vecinas (Allen,
Cinco Saltos, Fernández Oro).
El movimiento
cooperativo
En los años 40 comienza
a gestarse un movimiento que se probaría
fundamental en la historia de Cipolletti:
el cooperativismo. Las ideas cooperativas,
llegadas con los inmigrantes europeos,
se muestran como una respuesta a las
problemáticas particulares
de los productores, principalmente
con la complejización generada
por la introducción de maquinarias
y agroquímicos al proceso productivo,
muchas veces de un costo mayor al
que los productores pueden permitirse.
Así
surgen las cooperativas, pequeñas
en principio, pero que rápidamente
crecen y abarcan funciones ajenas
a la producción, principalmente
el empaque y distribución del
producto y su ingreso en los mercados,
mediante instalación de puestos
en los mayores mercados del país.
Más adelante, surgen también
cooperativas sidreras, que cumplen
la importante función de valorizar
la fruta que, por distintas razones,
no tenía lugar en la cadena
de conservación y comercialización.
Por otro lado, la
Cooperativa de Consumo 12 de
Octubre crece desde la fundación
en 1947, hasta que en 1967 construye
el primer supermercado de la ciudad.
Años después, avanzando
en la historia, las decisiones tomadas
a nivel nacional derivarán
en una coyuntura económica
desfavorable para la producción
en general, y para la forma cooperativa
en particular, con lo que, lentamente,
las cooperativas pierden su lugar
ante las grandes empresas integradas.
Sin embargo, es innegable el rol fundamental
que han cumplido en la consolidación
de Cipolletti como centro y corazón
de la actividad frutícola en
el país.
El
Cipolletazo
En 1969 se da un hecho que marcará
a fuego la historia de nuestra ciudad:
El Cipolletazo. El país vivía
en ese momento bajo la dictadura de
Onganía, que había intervenido
los gobiernos provinciales, manteniendo
en su cargo a las autoridades municipales
electas democráticamente; en
el caso de Cipolletti, Julio Dante
Salto (electo en 1963).
En agosto de 1969,
el gobernador militar de Río
Negro, general Figueroa Bunge, aprueba
el proyecto de construcción
de un puente sobre el río Negro,
a la altura de Paso Córdova,
y de pavimentación de la ruta
6 hasta Bariloche.
Este
nuevo camino, que ahorraría
solo 30 km en un tramo de más
de 500 km, sustituiría a la
ruta nacional 22 en el transporte
de cargas, y saltearía a Cipolletti,
Allen, Neuquén y otras localidades
ubicadas al oeste de Roca, forzando
el tránsito de las cargas por
esta última. En defensa de
los intereses locales, Salto se opone
a la medida y acude a los medios para
difundir su opinión.
Con los rumores de
un conflicto instalados en la comunidad,
un conjunto de vecinos cipoleños
se acerca a Viedma e intenta, sin
éxito, entrevistarse con el
gobernador; de allí se dirigen
a la Capital Federal, donde el entonces
ministro del Interior, general Imaz,
les comunica que la destitución
de Salto es inminente e irrevocable,
debido al carácter público
que el mismo Salto había dado
a su disensión con las autoridades
militares de la provincia. En ese
momento Salto se encontraba en Buenos
Aires transmitiendo sus inquietudes
a la prensa nacional. A su vuelta,
una multitud lo recibe en el aeropuerto
de Neuquén y lo escolta hasta
su casa en Cipolletti.
A estos gestos de
abierto desafío, tanto por
parte del pueblo como de las autoridades
cipoleñas, el interventor militar
de la provincia responde con el decreto
721/69, con fecha 11 de Septiembre,
disponiendo e la destitución
de Salto.
El 12 de Septiembre
se apersonan en la municipalidad de
Cipolletti seis enviados del gobernador
para hacer efectivo el decreto. Ante
esta situación, Salto gana
el tiempo necesario para que su secretario
informe a los medios lo que ocurría.
Rápidamente la radio local
(LU 19) y el Canal 7 de Neuquén
difunden la noticia, y el pueblo de
Cipolletti responde con una multitudinaria
movilización hacia el municipio.
Los comercios e industrias cierran,
los alumnos se retiran de los colegios,
y la gente gana la calle. A su llegada
al Edificio Municipal, la multitud
expulsa a los enviados del interventor
y respalda a Salto en su puesto.
Con la ciudad entera
declarada en rebeldía, levantando
barricadas en las calles y enviando
comunicados que, en nombre de toda
la comunidad, pedían la intervención
por parte de las autoridades nacionales
al gobierno de la provincia, Figueroa
Bunge retrocede con la destitución
de Salto, y envía a las calles
a todos los efectivos policiales de
los que dispone.
Durante los días
siguientes la ciudad vive horas de
agitación, hay apagones masivos
en la noche, escaramuzas, se dan detenciones,
allanamientos y heridos de bala. Salto,
buscado por las fuerzas policiales,
se refugia en un hotel de Neuquén
y, ante la perspectiva de una escalada
de violencia en la ciudad pacta con
las autoridades su renuncia, a condición
de que su sucesor fuera nombrado por
él: Alfredo Chertrudi.
La situación
se descomprime totalmente con la destitución
del interventor provincial y su gabinete
por parte del gobierno nacional (22/09/69).
Doce años más tarde,
se construye el puente que generara
el conflicto, pero ya para ese momento,
el crecimiento de Cipolletti y la
importancia adquirida por la ciudad
de Neuquén, han dado a la Confluencia
la importancia, tanto a nivel político
como económico, que detenta
hoy en la región.
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